El síndrome del Scalextric incompleto

Siempre me ha costado centrarme; no es nada nuevo. De pequeño me la pegaba contra los marcos de las puertas, no calculaba bien, no enfilaba. Años después, de tenaz lucha contra la hipermetropía, y tras muchas visitas al oculista, ya puedo decir que solucioné ese problema, pero me la sigo pegando contra la vida; no me centro, no encuentro la manera de pasar por el aro de mis sueños y, si entro, paso raspando. No es nada nuevo. El aro es jodidamente pequeño y mis sueños, obviamente, mucho más grandes que yo.

La verdad es que actualmente soy un orgulloso pollo sin cabeza, y eso que nunca vi ninguno, salvo los que uno puede comprar en el súper. La cuestión es que voy dando bandazos, sin rutina ni planning, sin grandes pasiones o enamoramientos. Hay días que me da por una cosa y días que me da por otra y como para las cosas importantes normalmente hacen falta varios días pues no acabo de hacer nada importante. Dicho lo cual uno puede comprender que ando en una lucha contra mi propia mediocridad y esto, para una persona como yo, es, cuanto menos, terriblemente preocupante. Digo una persona como yo porque soy consciente de que padezco el síndrome del Scalextric incompleto, y esto no me lo ha dicho mi psicoanalista, (tampoco tengo, porque es muy caro) sino que me lo he diagnosticado yo, usando un poco mi imaginación y buscando mucho en Google.

scalextric

No sé si alguna vez habéis montando un Scalextric o incluso si habéis tenido infancia. Tampoco encuentro un símil femenino del Scalextric, si es que tiene que tenerlo. En cualquier caso, por lo menos en mi época, esta gente se dejó una pasta en publicidad y todo niño que viera la televisión mientras sus padres se entretenían con cosas más importantes deben saber de lo que hablo; miniaturas de coches eléctricos montados sobre piezas de plástico con railes que, unidas, imitan un circuito de carreras. El sueño de un pequeño cerdo capitalista como yo. Y todo capitalista que se precie tiene más de una caja; yo no iba a ser menos.

Cuando uno tiene dos o más cajas de Scalextric (me reservo mi número porque está muy feo chulearse) la probabilidad de desarrollar una personalidad megalómana aumenta en proporción geométrica y de manera irreversible. De tal forma que esos delirios de grandeza le llevaban a uno a crear un macrocircuito utilizando todas las piezas, de todas las cajas, sin excepción. El tamaño de tu circuito marcaba tu status social, y como todos teníamos el pito pequeño tampoco podíamos acudir a comparaciones anatómicas relevantes. Era el Scalextric grande, ande o no ande. Mi peor temor era que quedase incompleto; y lo sigue siendo.

Y digo esto porque en cierto modo la vida es como un Scalextric, aunque algunos lo tengan más grande que otros, todos tenemos las piezas que nos dan o nos tocan y las vamos uniendo como buenamente podemos, vamos cerrando un circuito u otro, pero las piezas son básicamente las mismas, en distinto orden, según nos va pasando. Habrá tramos en los que uno puede y debe apretar a fondo, habrá zonas complicadas que requieren destreza y paciencia, tendrá seguro curvas peligrosas, cambios de rasante, túneles, puentes e incluso algún que otro salto, habrá momentos rutinarios, perfectamente controlados, habrá que jugársela algunas veces y muchas volcar será irremediable. Pero la carrera no se reinicia, no hasta que se completen las vueltas que se habían pactado. Y como en todo, hay ganadores y perdedores. Y también todos, menos el primero, tendrán remordimientos, “y si” y culpabilidades.

Yo, que soy algo cobarde, vivo con miedo a un Scalextric incompleto, a no unir bien las piezas, a no encontrar esa curva a la izquierda o a la derecha, a que me falte una recta, a no dar una vuelta en condiciones, a quedarme sin pista, a un precipicio insalvable, a no poder cerrar mi circuito. Es miedo a no hacer el Scalextric más grande que pueda, a quedarme por debajo de mis posibilidades, a no utilizar todas las piezas de la manera correcta. A no vivir bien, a no enamorarme bien, a no trabajar bien, a no tener suficiente pasión por las cosas y las personas, a no sacarle todo el provecho a mis vueltas, a no ser todo lo mejor que pueda ser, a dejarme piezas por el camino e incluso a perder las que ya tengo. Es un miedo, creo, bastante común y racional. Al fin y al cabo, se trata del síndrome del Scalextric incompleto.

También sé que soy una persona que no se ha rendido ni rendirá fácilmente. Por muchas leches que me haya pegado contra el marco de la puerta o me queden aún por pegarme contra la vida, aquí habrá un tipo, puede que más o menos loco, que no parará de cambiar curvas, mover rectas y hacer cálculos, que tratará de centrarse, de enfilar bien. Que puede que con trabajo o por casualidad encuentre la manera de darle un sentido circular a todo esto. Y mientras tú, que no sabes de lo que te hablo, que estás como yo o que ya pudiste cerrar tu circuito, debes saber que aquí, y por ahora, siempre habrá un tipo intentándolo. Porque también sé que intentándolo se consigue. Que hay manera de pasar por el aro de nuestros sueños, aunque haya que quemarse primero. No es nada nuevo.

Para todos aquellos que padecen del síndrome del Scalextric incompleto, para que terminemos el más grande que podamos,

Lambul.

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3 comentarios en “El síndrome del Scalextric incompleto

  1. Reblogueó esto en La chica de los juevesy comentado:
    No recuerdo ya el día en que descubrí a Miguel. Puede que fuera hace cuatro o cinco años, alguna tarde tonta de primavera, o de otoño, o de a saber qué momento y estación, quién sabe. Ni él conserva las entradas de aquel entonces, ni yo conservo tanta memoria. Pero me enamoré. Solo recuerdo que me enamoré. Me enamoré de su forma de escribir, de sus maneras de entrar en el corazón del lector, de sus letras, tan bien puestas las unas tras las otras… de todo.

    Su antiguo blog, del que yo me enamoré, se llamaba “Sobre la vida y otras cosas”, y siento deciros que ya no existe. Acabo de entrar en él para escribiros algún fragmento de alguna de mis entradas favoritas y casi me da un algo al ver que ya no estaban. Acto seguido, he mandado un Direct al responsable de este trágico suceso, pidiéndole explicaciones y maldiciéndole… pero con eso me he quedado, con el cabreo, porque sobre el contenido perdido ya no hay marcha atrás.

    El caso es que, hace unos meses (voy a olvidar mi decepción actual refrescando y volviendo al hilo de lo que os quería contar) Miguel me escribió contándome un secreto: había creado un nuevo blog, y yo no podía contarle nada a nadie. ¿Cómo iba a callarme semejante notición? No me sentía capaz… pero lo hice. Y cerré la boca, esperando nuevas entradas, con la emoción con la que las esperaba en los inicios (más la emoción añadida de sentirme privilegiada por ser la única conocedora de la verdad).

    Pero hoy el silencio se rompe, con permiso del autor de las letras que más me han hecho sentir en la blogosfera durante mucho tiempo (o al menos unas de ellas). Si aún no conocéis a Lambul, aquí comparto este post.

    Que lo disfrutéis.

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  2. Excelente. Mi Scalextric también está incompleto, no dejo de ver algunos que no sólo tienen todas las piezas colocadas, sino que también incluyen rampas helicoidales y giros imposibles. Y me pregunto si algún podré cerrar mi circuito. Aunque sea una circunferencia sin saltos ni recovecos. Más aún, aunque sea una simple recta sin final.

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