Son curiosas, las caras del amor

Puede que ella se vaya con otro. Puede. Y lo entiendo. ¿Acaso lo bonito del amor no está en dejar pasar?

Quizás, con los años, puedan más las ganas de contar la verdad que el esfuerzo por ocultarla y mientras, con los días, triunfe la mentira sedimentada por las horas en las que todavía no existía un mañana. Son curiosas, las caras del amor.

¿A qué viene esta preocupación?

Los lamentos del futuro, la melancolía de mañana. Dejar pasar es dejar doler.

Puede que ella se vaya con otro. Puede. Y siento que duele. Pero, ¿acaso el dolor no se escurre en el tiempo?

¿Qué sería del ayer si no hubiera pasado?

Quizás, con los años, miento y siento con las mismas ganas y mientras, con los días, despierto con el amor por las mañanas convirtiendo a las horas en cómplices de una misma trama. Son curiosas, las caras del amor.

Se aprende a engañar empezando por uno mismo. ¿Qué es sentir sino mentir con una letra cambiada?

Puede que ella se vaya con otro. Puede. Pero peor es que nunca hubiera estado. ¿Acaso no es ya un triunfo el haberlo intentado?

¿Qué sería del éxito si no conociera el fracaso?

Quizás, con los años, no existe sensación de derrota y mientras, con los días, parece importante ganarle la batalla a cada hora. Son curiosas, las caras del amor.

No me gusta ver como se le ponen vallas al concepto del amor. Me asusta ver cómo se escribe con tanta certeza sobre lo que quieren las mujeres o lo que quieren los hombres, sobre la relación ideal, sobre lo que debe y lo que no debe ser la vida entre dos.

El amor se mueve en el campo de la incertidumbre, sin vallas ni dogmas. Puede ir en una dirección, puede ser bilateral o puede no ir a ninguna parte. Pero ahí está y todo lo demás me parece “fugazi, it’s a wazy, it’s a woozie”, polvo de hadas…

Y puede que se vayan, que te vayas tú, que todo siga o que nada pase. Hay que vivir con ello.

Quizás, con los años, sólo podamos hablar de los días que ya olvidamos y, con suerte, guardemos en nosotros unas horas de lo que una vez fue. Pero siempre, siempre podremos decir esto; que son curiosas, las caras del amor.

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