Cómo comer sopa con fideos

Sé que estás muy lejos pero te puedo ver, con el modelito que te pusiste el viernes pasado, incluso puedo oír tus canciones de madrugada, veo lo que tú ves, a veces soy partícipe en directo, me fijo en tu sonrisa, de la que nos haces testigo a cientos, tan blanca como la más blanca de todas las demás, y aún así, no te siento cerca, daría igual aunque pudiera olerte. No hay asombro en mí, no hay extrañeza: sólo una total falta de distancia.

Un mundo lleno de novedades y, sin embargo, nada nuevo. Todo se diluye en el caldo de lo igual; qué difícil lo distinto, qué imposible abrazarlo antes de que pierda su alteridad, qué insoportable el infierno de lo amorfo.

Después de años viajando, ansiando vivencias y estímulos, siempre me quedo igual a mí mismo. Acumulo seguidores y amigos pero jamás tengo la sensación de encontrarme con alguien distinto ¿Quién queda para seducirnos de verdad, para arrancarle a lo igual lo que tiene de igual?, ¿dónde encontrar hoy una verdadera experiencia que nos arrastre, nos oprima, nos anime y nos sacuda?

El mundo se me antoja una gran sopa de fideos, una masa proliferante de lo indiscernible. El fideo, con su cuerpo de fideo puesto en producción, reducido a mero objeto funcional con el que satisfacer el imperativo de atractivo y buena condición física; el fideo en la lucha por la autenticidad, que no es otra que la de la auto-producción.

El fideo como empresario de sí mismo: se produce, se representa y se ofrece. La autenticidad se vende, la diversidad se explota junto con la libertad: el fideo es amo y lacayo. El incansable esfuerzo por ser diferente a los demás degenera en el insulso caldo de la comparación, y éste en la agrupación igualitaria, que lleva a la conformidad social y sólo admite la diversidad como variedad de lo mismo ¿acaso puede un fideo dejar de serlo?

Si algún día llegas a escuchar de verdad la voz del otro, déjala hablar, deja que sea sí misma. Si esa voz tiene vida y fuerza propia, si desconcierta, fascina, sorprende; si te libera del aturdimiento que provoca lo igual, si es capaz de pensar en la distancia y tocar en la cercanía, si es un conflicto, si despierta la idiotez que rompe con lo predominante: no lo dudes, has dado con lo singular, que es incomparable, lo que es distinto a lo distinto de todos los demás. Y por lo tanto, bienvenido al amor, ¿acaso que es el amor sino celebrar que haya otro que viva, actúe y piense de forma distinta e incluso opuesta a como lo hacemos nosotros?

 

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