Qué pena lo de Marta y Alejandro, llevaban cinco años

No tiene por qué tener un nombre exótico, ni original, ni siquiera bien sonante. Pero tampoco tiene por qué estar manido, ni confundirse entre el hastío de lo igual, de la amorfa normalidad y los sueños comunes que, cantando al unísono, copan las primeras filas en los conciertos del “one hit wonder” de turno. Este era uno a medias, de los que parece que siempre están a punto de llegar a algún sitio, aunque no haya nadie esperándole al otro lado. Todo lo que le queda es la casualidad o la buena suerte, la paciencia propia o las prisas ajenas.

Siempre las chicas le miraban de lado, sin descartarlo completamente, pero sin tomarlo en serio. Reservándolo por prudencia, la rueda de recambio para las emergencias y la falta de dinero para un neumático nuevo completarían el cuadro, harían el resto. Así conoció a la otra, que venía de mil batallas de las que todavía no se había repuesto y, sin embargo, necesitaba rodar para seguir estrellándose. Porque la quietud y la soledad matan más y con velocidad ella dejaba atrás los daños. Aunque un copiloto borracho le cantara sólo las curvas a la izquierda, el muro queda más lejos cuando lo ves venir en pareja. Poco importa si es la correcta, dividir la pena de vivir entre dos siempre sale a cuenta. Es muy duro encarar solo la cuesta.

Después de cinco años se siguen mirando sin tener ni idea, pero nunca un médico había escrito tan claro. Tanto tiempo de hacerse el sueco, un día a él le dio por pararse frente a un espejo. Hoy se puede ver la curva en la que se la pegaron y no seré yo el que diga que ya estaba claro.

Lo peor de la autocomplacencia es que estos dos ahora se han tatuado que esto es lo mejor que les podría haber pasado. Se han dicho que todo pasa por algo, y que en el descontrol de su incapacidad se esconde cierta dicha que un día los llevará hasta donde sin ningún esfuerzo han pretendido, y con una ilusión renovada pasan a llevar a cabo el conocido ritual, pero anhelando distinto resultado. Todavía puedes ir a cualquier sitio si estas parado.

A todos estos, quizás, un consejo, más por la vía de lo práctico que por remediar lo complejo, háganse un favor, aléjense de los espejos. Cualquier reflejo podría parar su baile y quieto uno se ve raro. No echen a perder por dos minutos, otros cinco años.

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